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Mostrando entradas de 2017

IT, SOPA CON TROPIEZOS

Cuando un alma inocente teme la oscuridad de la noche por culpa de uno de los personajes más terroríficos creados por Stephen King, resucitado con gran  eficacia en la nueva película de Andrés Muschietti, solo queda matarlo. Pero ¿cómo? La fantasía solo puede combatirse con fantasía.     -¿Cómo podrías acabar con él? Tú no puedes porque es un ente mágico, está fuera de tu alcance- razonó este alma inocente.     -Conozco a alguien que puede hacerlo- respondí.  Mi otro yo, el de la fantasía, el personaje más importante sobre el que he escrito... El viejo de los trece dedos, o lo que queda de él... 
Antes de que su historia continúe, porque aún queda mucho por contar... Este relato es un juego, no más que eso. Lo que llaman un 'Spin off'. Una práctica literaria para comprobar qué ocurriría si en uno de esos universos paralelos, donde todo está permitido, ambos protagonistas se encontraran...
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13 MESES DE RESISTENCIA

Fueron 13 meses de resistencia en que la población sobrevivió a los bombardeos, el hambre y la represión. Así fue la Guerra Civil en Cantabria (España).

LA VANIDAD DEL LEVIATÁN

En realidad, muy pocos lo conocieron en vida; y si lo hicieron, ninguno pudo contarlo. Narra la leyenda que los barcos nunca lo veían acercarse; pero su presencia se sentía en el oleaje, agitado; en la tonalidad del agua, más oscura; o incluso en el hedor del ambiente, teñido de un azufre ácido que corroía la pituitaria. Su tamaño alimentó decenas de especulaciones. Hay quien confesó haberlo visto emerger en oriente y al mismo tiempo mover un gran tentáculo en poniente, en lugares separados por una milla marina de distancia. Una vez conocidas sus atrocidades, jamás ningún marino volvió a temer al diablo. Solo lo temieron a él, al gran Leviatán. La gran aberración bajo las aguas, el gran dios del mal, quizá Poseidón mutado en bestia. Pero explica la literatura que la fantasía lo legitima todo; y si hay maravillas que germinan del mal, también las hay que lo hacen del bien. 
Un verano de hace siglos, cuando el mundo todavía se estaba haciendo, una pequeña niña griega pergeño su venganz…
¿Ven algo ahí?  Yo tampoco.  Siempre que no hay nada, aparece la Nada.  Y eso es precisamente lo que más temo.

EL CASTILLO DE LIBROS DE BAMBERT

Bambert puso aquellos libros sobre la repisa de la ventana para pertrecharse frente a lo mundano. Con aquella barrera imaginaria fortificó su hogar hasta convertirlo en un castillo protegido por decenas de héroes, animales fantásticos y magos, todos personajes que habitaban esas páginas de aventuras. 
En aquel mundo se sentía mejor, podía viajar en el tiempo y en el espacio sin límite. La realidad le parecía vacua, vulgar, como la misma gente. Aunque de fondo también subyacía el temor de un adolescente de 14 años a enfrentar una realidad que nada tenía que ver con las andanzas de sus personajes literarios favoritos. Él los había ido eligiendo cuidadosamente. Exitosos, seductores, inteligentes y lo suficientemente dichosos como para salvar cualquier dificultad, incluso con todo en contra. Afuera, en la calle, las cosas eran bien distintas. Bambert no se sentía para nada exitoso, seductor o dichoso; aunque quizá sí algo inteligente, al menos lo suficiente como para reconocer la estupid…

UNA LÁGRIMA... DE SANGRE

Ilustración: Gema R. Quintana
Nadie recordará jamás el nombre de aquellos ocho hombres. Muchas páginas se han escrito sobre el  26 de agosto de 1936, cuando los libros de historia fijan el final de la Guerra Civil en Santander; pero ninguna los menciona a ellos. Vivieron la sinrazón de su tiempo, asumieron su derrota en la contienda y decidieron ser dueños de su destino.     Desgranaban los primeros rayos del alba de un día triste en que el cielo, rojizo, parecía despertar con la pereza de un ocaso. El avance de las tropas nacionales hacia la capital cántabra -que aprovechó la cordillera y la costa para pertrecharse fiel a la República durante 13 meses-, era ya un hecho celebrado por muchos vecinos afines al régimen conservador. Por eso la significación de estos ocho hombres, paradigmas todos de la militancia de izquierdas en la política, el ejército o las artes, fue la peor de las sentencias a muerte.     Decidieron ver el futuro como un horizonte de extremos -esa fue la costumb…

LEJOS DEL MAR

-No sé si podré vivir sin esto, María-, advierte él. Ella no dice nada. Recapitula sus recuerdos juntos y ahí siempre está el océano, como protagonista inevitable. -No sé vivir lejos del mar- lamenta, impávido sobre la roca, con la mirada perdida en el horizonte. Ella se lleva una mano al vientre. Nota un impulso, algo parecido a una emoción. Quizá el bebé también lo siente. -Lo haremos lo mejor posible-, dice María; pero él insiste. -Me da miedo Madrid. No sé si estoy acertando María. ¿Estamos acertando?-, cuestiona cuando ambos se encuentran la mirada porque está empezando a llover...

EL DÍA ANTES

Corocota se apartó del fuego y dejó allí a los jóvenes exaltados, danzantes en torno a un ritual de guerra con cuencos colmados de sangre incandescente de caballo pasando de mano en mano y abrasando los gaznates de aquellos pobres diablos. Para él, ésta no era su primera orgía. 
   Conocía todo lo que venía después de aquella noche. Había visto la batalla de cerca, batiéndose en los montes, los riscos y los prados... Bajo el sol de verano o la nieve del más frío de los inviernos. Allí fuera uno se sentía solo; no había Dios. Ni el mismo Candamo escuchó jamás a nadie en mitad de la lucha y probablemente era su manera de censurar aquellos enfrentamientos inútiles. Porque los hombres de armadura acabarían venciéndolos sin remedio: eran muchos, fabricaban maravillosas armas de matar y habían aprendido a moverse por la montaña.  
   Pese a su edad avanzada, su experiencia, fuerza y coraje, Corocota no pudo evitar el escalofrío aquella noche. Todas esas cavilaciones nublaron su visión y…

UNA PEQUEÑA AVENTURA

UNA LÁGRIMA... EN LA MADERA

Las manos de Doro son descomunales. Se han adaptado a su oficio igual que se estiran los dedos de un pianista, engrosan los de un albañil o empequeñecen los de un relojero. Sin apenas herramientas, Doro vive empeñado en esculpir la madera a la fuerza. No usa guantes. Si no toca lo que esculpe, dice, es imposible que surja el alma, y sin alma, la madera no cobra vida. El anhelo de Doro por esculpir la ninfa perfecta, después de cuatro años, se ha convertido en una obsesión. 
Comenzó el día de su cuarenta cumpleaños, cuando encontró a su mujer, sin vida, en la hamaca del jardín. Ella se fue sin darse cuenta, con un infarto en mitad del sueño. Aquella tarde de abril llovía y el agua recorría aquel rostro inerte formando surcos que parecían lágrimas. Tal como si la mujer lamentara su propia muerte, consciente del vacío que se abriría en el corazón de su marido. 
En esos cuatro años, Doro había dado vida a 48 estatuas, una por mes. Algunas, las más especiales, las había regalado y la m…