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Mostrando entradas de 2017

EL DÍA ANTES

Corocota se apartó del fuego y dejó allí a los jóvenes exaltados, danzantes en torno a un ritual de guerra con cuencos colmados de sangre incandescente de caballo pasando de mano en mano y abrasando los gaznates de aquellos pobres diablos. Para él, ésta no era su primera orgía. 
   Conocía todo lo que venía después de aquella noche. Había visto la batalla de cerca, batiéndose en los montes, los riscos y los prados... Bajo el sol de verano o la nieve del más frío de los inviernos. Allí fuera uno se sentía solo; no había Dios. Ni el mismo Candamo escuchó jamás a nadie en mitad de la lucha y probablemente era su manera de censurar aquellos enfrentamientos inútiles. Porque los hombres de armadura acabarían venciéndolos sin remedio: eran muchos, fabricaban maravillosas armas de matar y habían aprendido a moverse por la montaña.  
   Pese a su edad avanzada, su experiencia, fuerza y coraje, Corocota no pudo evitar el escalofrío aquella noche. Todas esas cavilaciones nublaron su visión y…

UNA PEQUEÑA AVENTURA

UNA LÁGRIMA... EN LA MADERA

Las manos de Doro son descomunales. Se han adaptado a su oficio igual que se estiran los dedos de un pianista, engrosan los de un albañil o empequeñecen los de un relojero. Sin apenas herramientas, Doro vive empeñado en esculpir la madera a la fuerza. No usa guantes. Si no toca lo que esculpe, dice, es imposible que surja el alma, y sin alma, la madera no cobra vida. El anhelo de Doro por esculpir la ninfa perfecta, después de cuatro años, se ha convertido en una obsesión. 
Comenzó el día de su cuarenta cumpleaños, cuando encontró a su mujer, sin vida, en la hamaca del jardín. Ella se fue sin darse cuenta, con un infarto en mitad del sueño. Aquella tarde de abril llovía y el agua recorría aquel rostro inerte formando surcos que parecían lágrimas. Tal como si la mujer lamentara su propia muerte, consciente del vacío que se abriría en el corazón de su marido. 
En esos cuatro años, Doro había dado vida a 48 estatuas, una por mes. Algunas, las más especiales, las había regalado y la m…