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Mostrando entradas de septiembre, 2015

EL GOTEO DE LAS BOMBAS

Nunca había hecho calor en el aljibe, pero ese día la condensación de las bóvedas volvía al agua en forma de goteos con un ritmo que engañaba a los latidos del corazón. Los calmaba. Fuera, los cimientos crepitaban con la caída de otra bomba. El agujero también parecía sentirlo. Cientos de esas gotas se precipitaban sobre el fondo con cada impacto, huyendo del techo y de la superficie, de las bombas, como Ana. Su corazón volvía a acelerarse, y las imágenes de sus padres se avivaban en su cabeza. 
Estaba allí sola. Huérfana, aterrada, sin nada que llevar a la boca desde hacía horas y con una indisposición que le mantenía alerta para evitar el desmayo. Mientras, la imaginación volvía a jugarle una mala pasada. El olor putrefacto de la sangre parecía llegar desde la superficie y entre el murmullo del viento intuía los gritos de los supervivientes en las calles. Necesitaba el goteo de vuelta porque el silencio era lo peor. Cerró los ojos con tal fuerza que le dolió y recuperó su mantr…