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Mostrando entradas de 2015

LA ÚLTIMA CAZA

El cuero de cabra era el más fino y flexible. A Ramón le habían encargado catorce pieles para la Navidad y aún le faltaban cuatro para completar el pedido. La noche de aquel 17 de diciembre montó una cuadrilla de cinco hombres y se echaron al monte al atardecer, atravesando la espesa niebla que alargaba su lengua por el valle. La humedad confundía incluso el olfato de los sabuesos, desorientados, que ladraban lo mismo a un pájaro que a un conejo; pero ni rastro de los carneros.     Los habían tenido cerca, aquella misma mañana, junto a la margen izquierda del risco, y decidió esperar. Se equivocó. Probablemente los animales ya habían descendido hacia el norte y ahora estaban perdidos en el bosque, inalcanzables incluso para los perros. Los cinco hombres aguardaban sin pronunciar palabra, pero a medida que avanzaban monte arriba miraban más hacia el cielo, preocupados por la luz escasa, y abajo, hacia el reloj que iba a marcar las cinco. Esperaban que Ramón tomara la decisión de…

EL JUEGO DE LA OCA

La vida se parece mucho al juego de la oca. A mí me han comido la ficha y me toca volver a empezar. Hay que esperar, atrapado en ese ciclo que, no sé por qué, me obliga a dar un paso hacia atrás por cada dos que avanzo. El de la foto no soy yo, es mi hermano -que para sus cosas también ha tenido que aprender de la paciencia-, pero perfectamente podría ilustrar lo que me toca...

EL GOTEO DE LAS BOMBAS

Nunca había hecho calor en el aljibe, pero ese día la condensación de las bóvedas volvía al agua en forma de goteos con un ritmo que engañaba a los latidos del corazón. Los calmaba. Fuera, los cimientos crepitaban con la caída de otra bomba. El agujero también parecía sentirlo. Cientos de esas gotas se precipitaban sobre el fondo con cada impacto, huyendo del techo y de la superficie, de las bombas, como Ana. Su corazón volvía a acelerarse, y las imágenes de sus padres se avivaban en su cabeza. 
Estaba allí sola. Huérfana, aterrada, sin nada que llevar a la boca desde hacía horas y con una indisposición que le mantenía alerta para evitar el desmayo. Mientras, la imaginación volvía a jugarle una mala pasada. El olor putrefacto de la sangre parecía llegar desde la superficie y entre el murmullo del viento intuía los gritos de los supervivientes en las calles. Necesitaba el goteo de vuelta porque el silencio era lo peor. Cerró los ojos con tal fuerza que le dolió y recuperó su mantr…

AGOSTO ES PARA TRABAJAR

Todo el mundo conoce el sonido de la playa, su olor, y las ganas de vivirla en agosto. El egocentrismo de protagonizar esta imagen es perdonable porque es lo único que me queda; ahora solo puedo soñarla, desde fuera, al menos a la espera de cada fin de semana, de cada día de fiesta o de esas vacaciones que esperan en septiembre. Entre tanto, no está mal escaparse de cuando en cuando y sentirla un poco, así, de cerca. Gracias a María Gil por compartir este momento y claro, por su foto entre reportaje y entrevista.

MEJOR QUE BABIERA, DEL CID, O QUE EL MISMO BUCÉFALO, DE ALEJANDRO MAGNO

"Cuatro días se le pasaron en imaginar qué nombre le pondría... Y así, después de muchos nombres que formó, borró y quitó, añadió, deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación, al fin le vino a llamar Rocinante. Nombre a su parecer alto, sonoro y significativo de lo que había sido cuando fue rocín, antes de lo que ahora era, que era antes y primero de todos los rocines del mundo"... 
Miguel de Cervantes.

UN PERRO VALIENTE

"Ningún ser humano vale lo que un buen perro. Cuando desaparece un perro noble y valiente, el mundo se torna más oscuro. Más triste y sucio". ARTURO PÉREZ REVERTE

QUIÉN ES LA CHICA DEL MENSAJE?

ELLOS, SIEMPRE ELLOS

"¿Entonces me comprarás otro camión?", preguntó el pequeño Pablo, con 6 años. Al juguete le faltaba el remolque y los cristales de la cabina del conductor estaban hechos pedazos. "Qué remedio quedará", resolvió el padre mirando para otro lado. Pablo lo desobedeció por la mañana y llevó el regalo de cumpleaños al colegio. "Al menos has aprendido que cuando te digo las cosas es por algo, ¿no?", y el pequeño aceptó bajando más y más la cabeza con cada asentimiento. Pablo era uno de esos niños que genera envidias. El pequeño era gracioso, prometía convertirse en un adolescente bien parecido y tenía una familia normal, pero había algo más. Existen personas que  desprenden un tipo especial de energía, de fuerza existencial, algo para lo que la ciencia encontrará razón algún día porque la obcecación de dos de sus compañeros de clase crecía como lo hace cualquier patología mental. Pablo alcanzaba la mayor nota y el impacto era demoledor; las niñas lo elegían …