sábado, 12 de marzo de 2011

UNA PESADILLA COHERENTE

CISNE NEGRO
Se puede prejuzgar fácil: oscura, gore, borrascosa, espesa, enigmática, laberíntica, mareante, depravada, enferma... Pero sería un error que se resuelve en el último plano, cuando el cierre de todo el engranaje guionístico, fílmico y dramático convierte la pesadilla en el más coherente de los relatos. Aronofsky juega a confundir, a rozar los clichés para luego voltearlos y reírse de ellos. Los utiliza para construir la originalidad, para lograr atrapar la atención, y hasta la conciencia del espectador a través de la historia; cuando ya lo ha conseguido solo por medio de una realización sublime.
El estilo es despreocupado pero cuidado. La cámara en mano y el granulado acercan el resultado a la realidad de la imagen amateur y logran el engaño inconsciente, la identificación, la verosimilitud del mundo de Nina, sumergida en un psicótico enfrentamiento que se inflama en su interior. La narración se hunde en un postulado maniqueista, que solo entiende de opuestos: infancia y madurez, bien y mal, éxito o fracaso, cisne blanco y cisne negro.
Y es entonces cuando la música se convierte realmente en música, la dirección artística lo completa, la fotografía lo sublima y la interpretación asciende a admirable. Es, sencillamente entonces, cuando el cine vuelve a ser cine. Cuando la magia del ojo del realizador consigue fusionarse con una perfección sexual a los movimientos de Natalie, a su mirada, a sus labios, a su piel, a sus sentimientos...
Al director no debió resultarle difícil cuando se trata del mejor trabajo que se recuerda de la actriz. No solo por la admirable transformación física, que ha convertido un cuerpo aniñado en una fibrosa escultura deportiva; sino por una profundidad, tino y sensibilidad capaces de aguantar 40 segundos de primer plano en un retrete con un teléfono en la mano. Por eso nos creemos su cruzada personal. Acompañada de autocensura, de la lucha contra la propia inocencia alimentada por una madre que no entiende que las cosas han cambiado; de la automutilación como castigo y del enfrentamiento del yo interno que termina, claro, con el espejo como desenlace.

http://www.eldiariomontanes.es/v/20110312/cultura/cine/pesadilla-coherente-20110312.html