miércoles, 31 de agosto de 2011

SPIELBERG NO ERA ASÍ


SUPER 8

   De nada sirve el 'revival' de emociones, de estética, de ese espíritu ochentero que recuerdan las retinas cinéfilas si, a fin de cuentas, la historia no es buena. Lo que ocurre con 'Super 8' es lo que viene sucediendo con otros productos marca J.J. Abrams, donde el director trasciende el ámbito que domina, la realización, para tomar también la batuta en la escritura del guión. El fiasco de este trabajo es el mismo que le reprocharon los fans al cierre de la célebre 'Perdidos', que el final nunca estuvo a la altura de la complejidad estructural de la trama. En el periplo al pasado que supone sentarse a ver 'Super 8', el viaje empacha. Solo dos horas le bastan para fundir 'Los Goonies' con 'E.T.', pero sin el espíritu intimista que emanaban aquellas. Abrams peca de grandilocuente. Busca traer a la actualidad este género perdido a través de la magnificencia de los sonidos, los efectos y el tamaño de las explosiones. Olvida que pese a la deriva actual de la mayor parte del cine que se proyecta en las salas, el encanto de aquellas joyas que pretende recrear reside en el minimalismo del tono con el que alcanzaron el corazón del espectador con mucho menos artificio.
Los fuegos artificiales pueden nublar al espectador nostálgico del joven Spielberg, que es ovacionado por Abrams en cada plano, en cada secuencia: desde el sonoro choque de trenes -obsesión confesa del director de 'Jurassic Park' en todas sus biografías-, hasta el irritante reflejo de los focos en el plano, -reducto de la premura con la que el firmante de 'Tiburón' rodaba en sus inicios, y que traía de cabeza a su director de fotografía-. La trama de 'Super 8' se pierde en el desarrollo en frentes que se quedan en el tintero, para dar carpetazo digno solamente a todo el entramado humano en ese abrazo final que despide la nave. Otro calco más a la filmografía del maestro, una nueva pretensión de asemejarse al genio y otra forma más de estropearlo todo, porque en lo tocante a talentos artísticos, las segundas partes nunca fueron buenas. 
José Carlos Rojo
http://www.eldiariomontanes.es/v/20110831/cultura/cine/spielberg-20110831.html