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HECHIZO DE BOSQUE

Pobre hada bailarina. Un ogro no pudo soportar más su alegría, su juventud, su fuerza y belleza, y la hechizó. Quedó atrapada en la eternidad del silencio; viva, pero inmóvil, amordazada en un tronco de madera, compartiendo el latido de este árbol. Maldito ogro huraño, sucio y envidioso, ¿cómo pudo nacer tan poderoso? ¿Cómo pudo ser tan cruel? No se conoce método para romper el embrujo, pero la bailarina no se inquieta. El mal no es eterno, y la magia solo existe hasta que expira la vida de quien la formula. Las hadas bailarinas son escasas, pero inmortales. A ojos de una vida eterna la pena pasará como un suspiro, y a la muerte del indeseable, en libertad volverá a bailar...

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-¿Por qué haces esto? No tienes que amarme-, advirtió ella.
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Alexia le miró con los ojos húmedos.
-¿Puedes llorar?-, preguntó él.
-No lo sé-, respondió ella, asustada; una chispa saltó de su nariz y su cuerpo se desplomó sobre el suelo.
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Ilustración: Gema R. Quintana

UNA LÁGRIMA... EN LA MADERA

Las manos de Doro son descomunales. Se han adaptado a su oficio igual que se estiran los dedos de un pianista, engrosan los de un albañil o empequeñecen los de un relojero. Sin apenas herramientas, Doro vive empeñado en esculpir la madera a la fuerza. No usa guantes. Si no toca lo que esculpe, dice, es imposible que surja el alma, y sin alma, la madera no cobra vida. El anhelo de Doro por esculpir la ninfa perfecta, después de cuatro años, se ha convertido en una obsesión. 
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Un verano de hace siglos, cuando el mundo todavía se estaba haciendo, una pequeña niña griega pergeño su venganz…