domingo, 12 de abril de 2009

OTRO MUNDO

El surfista se arma con un buen neopreno para evitar el dolor de huesos que sufre quién se adentra en las gélidas aguas del cantábrico en pleno invierno. En Covachos, escondido entre acantilados, parece transportado a otro mundo. Quizá a una isla remota, perdida en el pacífico. Lejos, en el horizonte, no hay nada más: rocas y mar…