martes, 26 de febrero de 2008

Un superhéroe no puede ser tan egoísta

Jumper
Al terminar la película da la sensación de que sus responsables han tenido una gran idea, pero no han sabido desarrollarla. La historia de un chico capaz de teletransportarse, la existencia de un grupo de fanáticos que pretenden acabar con estos ‘superdotados’, la chica que se enamora de una mentira, etc; todo ello puede dar mucho de sí. Sin embargo nos encontramos con un film previsible, simplón, pero que por alguna casualidad, quizá relacionada con la hiperactividad audiovisual de su creador (Doug Liman), no resulta aburrido. Al término de la función, el malo (Samuel L. Jackson) queda castigado, pero en perfectas condiciones para retomar la historia en una segunda parte si la cinta es rentable. Puede que en la secuela solventen problemas de creatividad y concepto que aparecen como consecuencia de copiar, a medias, el esquema de historia de superhéroes. Todo superhéroe tiene poderes, como es el caso; también todo personaje de estas características ha de que vérselas con malhechores variopintos, como también sucede en esta ocasión. Pero lo que todo superhéroe tiene, por encima de todo, es un objetivo que cumplir. No se trata de salvar al mundo ni nada parecido, pero el personaje de Hayden Christensen tiene como único fin la salvaguarda de la vida de su novia y la propia. Un superhéroe no puede ser tan egoísta, y ha de usar sus dotes sobrenaturales para bienes comunes. Es la manera en la que se consigue la identificación masiva del público, y la forma de lograr que éste disfrute de forma plena. Lo mejor será tratar de ser original con premisas sólidas, no adaptando fórmulas de modo tan desafortunado; porque si no, más que originalidad, se logra una chapuza.
José Carlos Rojo Puente

1 comentario:

Anónimo dijo...

uoooohhh!!! Samuel!!! me encanta ese hombre :)

debo interpretar por tu comentario, q tu no rescatarias a tu novia?? tendre q ver la peli... para comprobar si te he malinterpretado, cosa q espero ;D